CUANDO ACEPTEMOS LA PANDEMIA VOLVEREMOS A SER SOCIEDAD

Estamos en tiempos de tanta incompetencia e incertidumbre que hasta los conspiranóicos comienzan a poder defender sus incoherencias. Se habla de segundas oleadas de la pandemia, cuando la realidad es que aún no ha llegado a pasar la primera ola. Se habla de quien sacará primero la vacuna, pero lo que no se dice es que los propios laboratorios que las han desarrollado no quieren la responsabilidad de su producción por miedo a los efectos secundarios en el futuro. Se habla del inicio de las clases y su plan de puesta en marcha cuando los profesores aprendieron lo bueno que era dar las clases a distancia. Se habla de tantas cosas y tantas absurdeces, que parece que el mundo se ha vuelto loco y nadie se ha dado cuenta.

Se dice que la sociedad siempre ha sido irracional, que era el ser humano el racional, pero en los últimos tiempos hemos podido denostar que hasta el ser humano es irracional. Los derechos individuales de los hombres nos llevan a que el enfermo asintomático tenga derecho a contagiar al resto; a que nadie tiene derecho a exigir control de la salud al individuo, pero sí, el individuo tiene derecho a ese servicio de salud. En definitiva, todos tenemos derechos y ninguna obligación.

Leía, estos días, en una tribuna de un medio de comunicación que el problema es que tanto los gobiernos como las nuevas generaciones de votantes son incompetentes, incapaces y, al fin de todo, ignorantes de todo conocimiento para abordar cualquier asunto. Si bien, me pareció duro, la realidad le da la razón a la autora.

Hemos olvidado la historia, la hemos manipulado a nuestro antojo y la hemos tirado a la basura. Aunque las comparaciones son odiosas, después de siglos no hemos aprendido nada de la Peste Negra; no hemos aprendido nada de la economía feudal; no hemos aprendido nada de la Revolución Francesa; …; si todo eso lo repasáramos, en ello tenemos la solución.

Nadie sabe que “cuarentena” o “mascarilla” aparecieron en la época de la Peste Negra para evitar los contagios de los que venían de fuera de los centros urbanos, lo primero, y para evitar los malos olores de la Peste las segundas, pero ahí tenemos un ejemplo de como la sociedad obtuvo soluciones. El mundo no comprendió que el control de la economía en manos de unos pocos daba mayor poder a estos, los señores feudales, que a los propios gobiernos, y al final, las monarquías feudales se dieron cuenta y buscaron soluciones. Nadie recuerda que las enfermedades y las hambrunas de la sociedad francesa y el distanciamiento del gobierno dieron lugar a una revolución que puso a dictadores y genocidas al frente del gobierno, terminando por imponer al mayor genocida francés, Napoleón, que llevó al mundo al primer gran conflicto mundial, aunque no se llamara guerra mundial. Tanto hemos tergiversado la historia que el genocida tiene monumentos por todo el mundo como si de un gran héroe se tratara.

Si las democracias se alejan de la realidad del pueblo, si se olvidan del día a día y simplemente toman decisiones abordando el impacto electoral que les puede suponer, el mundo occidental está abocado a su fin, en muy poco tiempo. Volverán las revoluciones, volverán los dictadores y volverán los conflictos, justo en el momento que más unidos parecíamos, y es que no hemos aprendido nada.

La solución no está en vacunas no probadas; en vacunas que simplemente amortiguarán el número de contagios, y con ello de muertes, pero que no resolverán el problema. La solución no está en la inmunización del “rebaño”, hasta para eso perdimos el concepto de sociedad. La solución siempre ha estado presente, pero nadie quiere asumirla.

Tenemos que comenzar por entender que la pandemia no viene, no es un maremoto, no es una ola, sino es algo que ya está, que nos rodea y que convive con nosotros; debemos de dejar de tener pánico o provocarlo; debemos de volver a comportarnos como sociedad y a recordar que todos somos sociedad antes que individuos y que tenemos obligaciones antes que derechos, y que esas obligaciones nos ayudarán a vencer los elementos que atacan la sociedad.

Actualmente existen equipos PCR capaces de realizar identificación de COVID en 2 minutos; capaces de que estas pruebas sean individuales o incluso de hasta 360 personas al tiempo, con lo que la velocidad de chequeo es monstruosamente grande, y curiosamente, los equipos significativamente pequeños y económicos, y si quieren referencias, ahí están Thermo Fischer, Abbot y un sinfín de empresas internacionales. Tenemos sistemas, desarrollados por equipos latinoamericanos y españoles, como Familygen, capaces de identificar el COVID antes de que entre en el propio individuo, es decir, que no hay que hacer esas pruebas nasales o de saliva tan incómodas para todo el mundo, simplemente con la huella digital. Pero lo más importante de todo, si los gobiernos aparcan sus corrupciones, tenemos todo esto con costes muy inferiores a 2 euros, con lo que de 180 euros actuales podríamos reducirlo a 2 euros. Sí, por menos de 2 euros al día, tendríamos la posibilidad de salir todos los días a la calle, aquellos que no portaran el COVID y seguir una vida normal, incluso sin mascarillas, o al menos, reduciendo su uso a entornos muy masificados.

El coste para el gobierno de un control de ese estilo es mínimo comparativamente con las perdidas millonarias que le ha supuesto a la economía. Las empresas, incluso, estarían dispuestas a pagarlo sin problema alguno, pues las perdidas suponen más que el control, y si no que se lo digan a las líneas aéreas, a los hoteles o a las fábricas de automóviles, cuanto es ese impacto de 2 euros diarios por cliente o empleado respecto a las actuales pérdidas a las que están sometidos.

El problema principal es que el primer día de controles despertaría la sociedad a la realidad que se intenta ocultar, la pandemia está entre nosotros, y no llega como una ola, sino que ya está aquí. Despertaríamos a la realidad de cuantos son portadores, enfermos o lo han pasado sin saberlo. Pero también nos daríamos cuenta de que, dentro de lo malo, no es tan grave. Los gobiernos se enfrentarían a sus propias mentiras y a sus corruptelas, pero al final, estarían acometiendo la única solución posible, hacer ver a todos, que con la verdad todos podremos tomar las medidas necesarias para volver a una vida más o menos ordenada, y evitar las hambrunas y la decadencia en la que nos estamos sumergiendo. La sociedad es madura y sabría asumir esa realidad, lo que nunca perdonará es que los gobiernos no se enfrenten a ella con responsabilidad, madurez y honradez.

La solución es saber quienes la tienen para que ellos acepten esa cuarentena de 15 días, en la edad media eran de 35 a 40 días, y terminemos aislando al virus y superándolo, haciendo que la sociedad, y no el rebaño, se inmunice progresivamente, mientras que los sanitarios se encargan simplemente de los casos graves, pero conociendo todo el escenario real, día a día.

Si los gobiernos que están obteniendo las vacunas no están queriendo asumir la responsabilidad de sus producciones, y sin apoyar a los conspiranoicos, nos encontramos ante una realidad de total indefensión ante unos productos más que discutibles. En cambio, identificar la propagación y evitarla es más fácil y económica y no genera efectos secundarios.

Nuestros ancestros decían que «cuando el rio suena, agua lleva»

Todos conocen la solución, sólo falta quien ponga los intereses de la sociedad por delante de los suyos, y que la sociedad en su madurez asuma la realidad en la que nos encontramos y la obligación que los individuos tenemos para con ella.