DE LA UNIÓN EUROPEA A LA GRAN ALEMANIA

Europa ha demostrado su incapacidad de gestionarse como una sola, de forma solidaria y unilateral a la hora de la toma de decisiones. Pero si alguien ha buscado su interés particular y personalista a lo largo de toda su historia ha sido Alemania

Si en los 90’s Alemania se desvinculó de la decisión unilateral de Europa de no reconocer la división de Yugoslavia y provocó el inicio de la guerra de los Balcanes de la que el único vencedor fue la propia Alemania dado que el resultado de la misma le garantizó la posible intervención en conflictos internacionales; el retorno al control de sus oficiales, que le había sido denegado desde la Segunda Guerra Mundial por motivos evidentes; y el retorno al mercado de la producción armamentística sin límite alguno; así como, evidentemente, cierto monopolio que adquirió en la región balcánica sobre los vencedores; ahora volvió a desmarcarse con la decisión unilateral del cierre de sus fronteras, antes del consenso europeo, a todos los ciudadanos de Italia y España.

Hablar de Alemania es hablar de su corrupción bancaria, de las intervenciones del Deutsche Bank por parte de Europol por ser el depósito de todos los grandes grupos mafiosos o Agencias Gubernamentales Internacionales poco deseadas, por ser de donde salen los fondos para todo tipo de actividades irregulares y que afectan a países enteros; de la corrupción de los grandes grupos empresariales, que sorprendentemente han sido capaces de sobreponerse a escándalos internacionales de prostitución, pedofilia, …, siempre en países del tercer mundo, o al menos así lo consideran ellos; de la corrupción de su gobierno ante la Unión Europea, desviando todo tipo de fondos de la comunidad para beneficio propio y para justificar sus supuestas ayudas al resto de la Unión, cuando realmente lo estaban haciendo con fondos de terceros (por motivos de seguridad no expongo los nombres de las empresas e instrumentos creados); por mantener políticas salariales discriminatorias entre los ciudadanos europeos de orígenes distintos. Así podríamos hacer una lista que no terminaríamos.

Pero si algo ha destacado a su espíritu de la Gran Alemania ha sido su pretensión, nunca silenciada, de comprar a los países del sur de Europa islas en el Mediterráneo con el pretexto de ayudar a los países económicamente, un espíritu de solidaridad bastante discutible.

Con la crisis del COVID-19, Alemania ha elevado su criterio discriminatorio en general. A la incautación de productos sanitarios destinados a Suiza y otros países; y a la prohibición de la entrada de ciudadanos comunitarios por sus fronteras antes de la decisión unánime del resto; hay que añadir otros aspectos como la falsificación de sus datos de contagios y muertes por la pandemia con el objetivo claro de demostrar su superioridad ante el resto del mundo; y por último el mayor escándalo que podría trasladar a la supuesta Unión Europea, la creación de los ciudadanos de primera y de segunda.

Mientras se mantiene en Europa el compromiso de no transitoriedad de los ciudadanos entre regiones y entre países, siendo Alemania uno de los principales compromisarios de dicha acción, acaba de sugerir una nueva normalización para sus Ciudadanos Alemanes, o Europeos de primera, la posibilidad de viajar a destinos turísticos del Mediterráneo mientras el resto de Europa permanece confinada. Sus criterios, siempre supuestamente solidarios, contemplan la creación de territorios “libres de COVID”, o mejor dicho, exentos de medidas de control para que puedan disfrutar sus ciudadanos de unas merecidas vacaciones después de ser los que más han incumplido todo tipo de protocolos, han falsificado datos y han mantenido sus industrias en funcionamiento a diferencia de los países del sur, manteniendo un discurso, junto con Holanda, discriminatorio, culpando al sur de ser culturas negligentes, desorganizadas e incapaces de mantener el orden.

Se busca la apertura de ciertos territorios o islas, que en su momento pretendieron comprar, para la libre circulación de sus ciudadanos, si bien, se mantendrán las normas de restricción de tránsito para el resto de los ciudadanos de los mismos territorios que ellos van a visitar, tanto en el mismo país como en una pretendida visita a Alemania, eso queda prohibido.

Aquí aparecen las nuevas categorías europeas de ciudadanos de primera y de segunda. Para muchos hosteleros e incluso para sus países, esta medida puede ser excepcionalmente interesante, ya que perdido el año, el poder rectificar las grandes pérdidas, aunque sea con unos mínimos de entrada no serían despreciables en modo alguno, pero hay que evaluar todo en su correcta medida.

La falta de un seguimiento ecuánime de los controles del COVID en todos los países, la incapacidad de los países receptores de ese turismo alemán para controlar realmente la identificación de los potenciales contagios por asintomáticos, la falta de normativa sanitaria regulatoria en este momento, y la precipitación de los tiempos de apertura que se pretenden, imposibilitan un verdadero control de la pandemia. Al mismo tiempo, las zonas identificadas suelen disponer de una mano de obra mixta, es decir, ciudadanos locales y la importación de ciudadanos de los países de origen del turismo con el fin de darles servicio en su propio idioma, ¿quién no se ha encontrado en Mallorca con algún bar donde solo se les atendía en Alemán? Y eso que las regulaciones españolas y de la comunidad autónoma prohíben ese tipo de servicios. En definitiva, la mejora económica es transversal, teóricamente, y ayuda al país emisor y al receptor. Queda fuera de dicho análisis el que el 85% de los alemanes, por ejemplo, de los visitantes a las islas Canarias van a parar a apartamentos vacacionales no declarados y todo negociado en Alemania, es decir, que el mercado negro que la propia Alemania ha creado en las islas es el mayor beneficiario de una medida de este tipo.

Pero el problema ya no es el poder dar este permiso sino el periodo posvacacional. No hay que ser un experto para saber que el turismo, en especial el Chino, pero también el resto de turistas que habían tenido contacto con estos primeros, fueron el grupo Zero de la pandemia en Italia y España, principales receptores del mundo de este tipo de turismo, y por ende, ambos países se transformaron en los más perjudicados, no por ser desorganizados, no por tener unos gobiernos sospechosamente negligentes, sino por ser los mayores receptores de turismo en Europa. Ahora quieren que volvamos a recibir a esos grupos de turistas, de ciudadanos de primera y que en Septiembre u Octubre los repuntes de la pandemia, focalizados en las regiones turísticas, las supuestamente “zonas libres de COVID” asuman las consecuencias de esa apertura unilateral. Y cuando haya que pedir ayudas, esos mismos que ahora demandan la apertura de fronteras, volverán a mantener cerradas las suyas, culpando al sur de incompetencia y negligencia.

Y es que el rebrote de la pandemia, si bien no se ha explicado, no exime a los contagiados por primera vez, es decir, es un rebrote sobre “base cero” con lo que volverá el país a estar en riesgo total. Si bien, siempre he considerado totalmente absurda la política del confinamiento tan largo y agresivo, después de todo el esfuerzo y sacrificio económico hecho por una sociedad injustamente tachada de desorganizada y negligente, una sociedad que ha pretendido esconder lo menos posible sus datos, una sociedad muy crítica con su gobierno pero que ha asumido sus obligaciones; ahora, como Ciudadanos de Segunda en la Unión Europea, se les pretende prohibir moverse, prohibir viajar por Europa, pero aceptar el flujo turístico y aceptar que en menos de tres meses deberemos volver a medidas antisociales generadas por esos otros Ciudadanos de Primera que vienen del Norte de Europa.

El coste económico de esa pretendida salvación económica del turismo nos puede suponer unas cifras mucho más elevadas que los beneficios generados en ese trimestre, y es que, a la hora de pagar los resultados de esa apertura discriminatoria, serán los ciudadanos del sur de Europa los únicos que tendrán que asumir dicho coste ya que los del Norte esgrimirán que para eso ya pagaron su estancia en el Mediterráneo.

Con la pandemia, se sabía que las sociedades iban a cambiar, pero dudo que nadie supiera que se nos iba a catalogar de Ciudadanos de Primera y de Segunda, con libertades totalmente distintas para unos y otros. ¡Bienvenidos a la nueva Unión Europea!, donde unos disfrutan y otros sirven y pagan.