EUROPA Y LATINOAMERICA ENTRE LA INCERTIDUMBRE Y LA SOLUCIÓN A LA CRISIS

Una Europa abocada al nacionalsocialismo y una Latinoamérica sin orientación de futuro tienen en sus propias manos la oportunidad y la solución a la crisis generada por la pandemia.

UNA EUROPA ABOCADA AL NACIONALSOCIALISMO

En los primeros momentos del desconfinamiento, la política de reactivación de la economía mundial dista mucho de seguir un modelo único. Es curioso observar como ante una política neoliberal con apoyo a fondo perdido por parte del estado al mercado privado, el resto del llamado mundo libre ha pasado de una política social-democrática a una política nacionalsocialista.

El problema de todas las sociedades occidentales es la gran ignorancia que sostienen las ideologías políticas. Como dijimos anteriormente, las líneas políticas del nacional socialismo y del internacional socialismo o comunismo son muy similares y con diferencias exageradamente tenues. Tanto es así que, en un momento de la historia moderna, uno de los países más comunistas de todos los tiempos, que llevó al extremo dicha filosofía, ha pasado de una política maoísta a una política nacionalsocialista, aunque le sigue llamando comunismo, estamos hablando de China. Por que es así, China, hoy profesa una política nacionalsocialista, o lo que los italianos bautizaron como fascismo, y han dejado de lado, parcialmente, el comunismo. ¿Dónde está la diferencia? En el reconocimiento del estado por la propiedad privada, pero siempre regulada y controlada por el sistema de gobierno.

Dicho esto, la crisis del coronavirus no permite soluciones intermedias, la socialdemocracia no tiene cabida en este momento en ningún país afectado por la crisis económica provocada por unas medidas Humanitarias en lugar de Económicas. La filosofía política de los conservadores es justo lo antagónico a la solución a la crisis, con lo que las medidas a tomar pasan por la línea del liberalismo apoyado por un gobierno desinteresado o del nacionalsocialismo donde el gobierno resuelve controlar el sistema para que este pueda avanzar, pero siempre con su supervisión.

Equivocadamente, siempre se ha pensado que la línea política de Europa era liberal, ni el propio gobierno alemán se ha permitido en momento alguno un atisbo de neoliberalismo a la americana. Toda Europa ha crecido inmerso en la socialdemocracia, y sus gobernadores, lejos de aceptar un neoliberalismo han decidido en la desescalada pandémica optar por una política nacionalsocialista. Aquí entraría algún ilustrado comunista a pretender plantear la filosofía de la internacional socialista como posible alternativa a cualquiera de los otros dos elementos, pero cualquiera sabe que, ante una situación de quiebra económica de los estados, la alternativa comunista es una alternativa tan fracasada como una política conservadora.

La diferencia entre el nacionalsocialismo y el comunismo es permitir, bajo control del estado, que sean los empresarios, los verdaderos expertos en el desarrollo económico los que hagan despertar el mercado y la competitividad, a imagen y semejanza de China, mal que no le guste a algunos este símil.

La Unión Europea, se ve inmersa en esa nueva tendencia, sin vislumbrar realmente hasta donde hay que llegar con ese control por parte del estado, cuando la propia estructura estatal, en países como España, no tienen capacidad ni de ofrecer al mercado un apoyo real para exigir ese control posterior por parte del estado. Pero claramente, las instituciones europeas ya decidieron la línea político-económica a seguir.

El gobierno español, perdido en su incapacidad para saber descifrar ni la línea ideológica del nacionalsocialismo impuesto por Bruselas, confunde conceptos como intervención del estado, o participación del estado en las empresas, con su nacionalización. Sólo los políticos españoles y su prensa han hablado de nacionalización, mientras que el resto hablan de participación en las empresas y seguimiento de las mismas ante cualquier tipo de apoyo que éstas precisen para no quebrar.

Es decir, el Estado se transforma en el Gran Capital, en el Capital Riesgo de las empresas, de lo que dirían los comunistas, del mercado o capitalismo. Ese es el modelo que se está planteando para una Europa que con ello opta a una divergencia, a una incoherencia de velocidades, a una arritmia que, en un sistema vivo, termina con el infarto. Lo que puede ser potencialmente útil para Alemania, o Francia, no lo es para Holanda, España, Portugal, Italia, Reino Unido, … . Y es que los sistemas y estructuras empresariales de estos dos bloques de países son totalmente antagónicos.

Europa, en sus buenos tiempos estaba dividido en dos bloques claramente definidos, el francoalemán y el Anglo-hispano-italiano, que incorporaba a otros países pequeños como Holanda. El porqué de estos grupos estaba basado en sus propias políticas económicas. La tendencia proteccionista y subvencionadora del primer bloque chocaba con una política más neoliberal y europeísta, que buscaba en la integración y europeización de las empresas la fortaleza de las mismas para su competitividad internacional.

Ello ha llevado a que se hayan formado grupos internacionales como la fusión de Iberia y British Airways con una capacidad o potencia que apagaba a los grupos franco-germanos más cómodos con sus estructuras nacionalistas e intervención internacional a modo monopolístico. Eso lo podemos llevar a muchos campos y veremos que ha sucedido lo mismo.

La decisión de una política nacionalsocialista por parte de Europa, y sin una figura integradora de la misma Europa, sino de cada país por su parte, lleva a una mayor facilidad de ayuda por parte de los gobiernos francés y alemán de sus estructuras industriales más potentes, mientras que el europeísmo de los otros países deja en el limbo la forma de ayuda a grupos industriales de integración europea, como los españoles, británicos o italianos. A ello hay que sumar, la rápida decisión de las grandes firmas francesas y alemanas de liquidar, vender o aislar sus inversiones en otros países europeos, para poder obtener o facilitar a sus estados la ayuda precisa para su recuperación. Caso claro de estas incipientes decisiones ha sido la puesta a la venta de Agbar por parte de la propietaria francesa.

Si alguien puede salir favorecido de un nacionalsocialismo en el bloque hispano-británico, es la banca, dado que la fortaleza de estos países y su política histórica de proteccionismo de dichos mercados ha facilitado que no se hayan integrado con terceros, cosa que países como Holanda, Italia o Portugal no tienen capacidad de poder ayudar a dicha industria.

En resumen, la política nacionalsocialista definida por Bruselas puede llevarnos a una total dependencia del bloque francoalemán o a un desmembramiento paulatino de lo que fue la idea de la Unión Europea, manteniendo sólo elementos como la moneda y el mercado, pero buscando romper las líneas de cohesión político económicas que no funcionan, como el café para todos.

Ni Reino Unido puede seguir los pasos de Estados Unidos, de un neoliberalismo apoyado por un gobierno desinteresado, ni España, Italia y otros países pueden aplicar la fórmula nacionalsocialista a sus economías, dada la interacción internacional en sus estructuras de grupos, lobbies e inversores internacionales, incluidos gobiernos como China, Alemania o Francia. Posiblemente la aplicación de una política paneuropea con control del mercado por parte de las instituciones multilaterales europeas daría capacidad a las industrias europeístas de poder despegar, aunque ello supusiese una velocidad más lenta, o en su defecto, la aplicación de una política nacionalsocialista tendría que ser llevada a cabo por el Estado Europeo y no por cada uno de sus miembros.

¿Y QUÉ DEBERÍA HACER LATINOAMERICA?

Muchos me han preguntado por el concepto de la eurización de la economía latinoamericana, más que la dolarización. Ahora, con las nuevas políticas de recuperación, puede llegar a quedar, aún más patente la justificación de dicho concepto.

La eliminación de la moneda propia en un país cualquiera genera un riesgo evidente en el nivel socioeconómico de sus conciudadanos hasta el equilibrio de su economía, pero limita o exige un límite de gasto público a los estados que terminan teniendo que restringir sus propias corrupciones. El manejo de este tipo de países se posiciona en modelos de desarrollo económico y la iniciativa de los estados para que este permanezca en crecimiento continuo, algo que puede chocar con políticas comunistas, pero que permite que los gobiernos se enfoquen en una política de crecimiento social, es decir, pueden aplicar una social democracia, o mejora del nivel de vida de sus conciudadanos dejando el desarrollo económico en manos del mercado libre.

Si bien, el uso de una moneda fuerte tiene sus ventajas, la aplicación de una moneda como el dólar, deja a los estados en manos de las decisiones caprichosas de un único país, de un único gobierno, y de un gobierno que es neoliberal a ultranza y que, como hemos dicho en otros artículos, dista mucho de la cultura Humanística, o socialdemócrata de los latinos o mediterráneos.

En su lugar, el euro es una moneda sujeta al capricho o negociación de muchos, con intereses y culturas totalmente distintas, con lo que finalmente, y entendiendo que, como dijimos, sí que hay tendencias político-económicas distintas, por otro lado, garantiza la estabilidad de una línea socio-económica que permita seguir con el crecimiento económico y social a cualquier país que la adopte y no quiera seguir a ultranza el régimen tan estricto de la Unión Europea.

En este momento de la crisis mundial, Latinoamérica tiene, al igual que Europa los dos modelos políticos europeos, mientras que ninguno de los países se puede permitir una línea neoliberal de Estado desinteresado como Estados Unidos dada su incapacidad económica para llevarla a cabo, y dadas las grandes diferencias sociales existentes en los países.

Lamentablemente, en Latinoamérica, existe una tercera alternativa viable, si bien, no permitirá el desarrollo del pueblo y la salida de la pobreza extrema de sus sociedades, estoy hablando del comunismo. La cubanización, o comunismo pobre de los estados, es la tercera de las soluciones, que pocos países serían capaces de poner en práctica, realmente.

En cambio, si hacemos una visión transversal, simple y sencilla, nos encontraríamos con un bloque pro nacionalsocialismo como el franco-alemán, liderado por países como Brasil o Chile, mientras que Argentina, Colombia o México se encontrarían en la línea más Hispano-Italiano-británica de un apoyo pan-estatal con objeto de coordinar una política social democrática en paralelo a unas ayudas creadas por entornos multilaterales de varios países, como fue el diseño de la CAF, BDI o BDE en su momento. Perú podría avenirse a cualquiera de las dos estructuraciones o políticas de recuperación mientras que cada uno de los países pequeños estarían más sujetos al modelo del segundo bloque y siempre sostenidos por los grandes, tal y como ocurre en Europa.

Un modelo de eurización de las economías latinoamericanas fortalecería un mercado más bilateral entre ambos continentes, y daría oportunidad a que las políticas del bloque hispano-italiano fueran fortalecidas y reforzadas por un grupo de naciones con filosofía, cultura y objetivos de mejora de los niveles de vida de sus sociedades más afines a esta misma política. Latinoamérica podría acelerar su paso de una economía industrial básica a una economía de servicios e industrial transformadora similar a los niveles europeos tanto económicos como sociales.