LA DECISIÓN ENTRE EL HUMANISMO Y LA ECONOMÍA

El siglo XXI nos ha ofrecido un volumen importante de cambios filosóficos, políticos y sociales. En la nueva situación que se está viviendo uno de esos nuevos capítulos es la dicotomía entre humanismo y economía, o es lo que algunos pretenden obligarnos a pensar.

Ante la crisis del coronavirus se ha generado una grave discusión entre los países, que consideran que cualquier acción en pro de minimizar el agravamiento de la crisis sanitaria es la prioridad que la sociedad debe asumir; y los que por el contrario, consideran, que ante dicha crisis, la economía tiene que seguir adelante, se deben tomar unas mínimas medidas, eso sí, sin dejar de apostar por mejorar e implementar los servicios sanitarios para luchar contra dicho virus.

Uno de los elementos a tener en cuenta entre ambos conceptos, es el modelo de comunicación de dicha enfermedad a la sociedad civil. Es curioso encontrar que los países que han optado por mantener la economía activa, sean los países que menos contagios, enfermos graves y muertos tengan, mientras que los países que optaron por la congelación, definida como hibernación, de sus economías sean los que más enfermos estén presentando. Ajenos a estos modelos, está el modelo americano que ha optado por la versión del heroico sacrificio americano contra la nueva guerra virológica, lo que le permite ofrecer unas cifras más realistas y mantener la economía en funcionamiento.

Mirando a los países que mantienen sus economías en funcionamiento, su debacle económica también es importante, pero cuentan con un elemento a favor, y es que el día después no tienen que poner en marcha la máquina, pues esta nunca paró, no tienen que volver a habituar a la sociedad a la monotonía de funcionamiento anterior, pues nunca la han terminado de perder. Estos países son los que no están dispuestos a solidarizarse con aquellos que han optado por el modelo humanístico sanitario. Obviamente, que todos estos países esconden la realidad del impacto del virus en su sociedad, pero ante la denuncia del oscurantismo informativo tienen la defensa de la protección psico-social de sus sociedades, y en parte, nadie está evaluando este otro indicativo que debería tenerse en cuenta.

Los países que han optado por el humanismo sanitario y la defensa de la salud por encima de todo, son los que nos muestran unos indicadores de contagio, enfermedad y muerte mucho más elevados; una crisis humanitaria gravísima y la necesidad de una paralización total de todo el sistema económico, menos los impuestos, eso sí. Estos países se muestran como los adalides de una sociedad de transparencia informativa, de democracia en favor de las personas por encima de cualquier otro valor. Es curioso observar, que en la mayoría de los casos son países con una social democracia muy debilitada en sus gobiernos.

Aunque estos presenten una visión idealista de la lucha contra la pandemia, la realidad es que también están ocultando la realidad de sus números, que deberían multiplicarlos por diez en lo referente a contagios, lo que supondría que la pandemia está mucho más expandida, pero por el contrario, su incidencia en el agravamiento de la misma es muy inferior al que se nos presenta. Es decir, el ocultismo informativo viene por el otro lado.

Ante esto, nos encontramos con dos versiones de información antagónicos y desinformativos en ambos casos avocados a un fracaso y a un nuevo modelo de creación de bloques de idearios que serán los que dividan a las futuras sociedades, pero siempre desde la desinformación, o visto desde otro punto de vista, de la psico-política social positivista o negacionista.

Pero como ante la ignorancia sanitaria, el mejor modelo es el del sentido común, sólo cabe analizar el concepto en sí mismo. Estamos ante el dilema de la bomba atómica de Hiroshima, el pensamiento de los que abogaban por no tirarla dado que se sabía que la guerra estaba finalizada, pero que aceptaban la posible necesidad de más derramamiento de sangre a corto plazo; y los que abogaban por lanzarla y terminar de forma rápida con la guerra. Estos últimos, los humanistas sanitarios, no tuvieron en cuenta que tras los 300.000 muertos con las dos bombas, murieron indirectamente una cantidad similar en las siguientes décadas fruto del impacto de las mismas; que nos abocaron a una guerra fría centrada en el modelo nuclear, que gracias a ello nos sumergimos en diversos accidentes nucleares que han matado a algunos millones de personas de forma silenciosa pero irrevocablemente.

Cualquiera de los modelos puede ser ofensivo para los que piensan de una manera u otra, la diferencia es tener visión a largo plazo o simplemente el decidirse por un paso detrás de otro, la visión cortoplacista. Es igualmente curioso, observar que de igual manera esas dos visiones de la sociedad están divididas en lo que definiríamos como sociedades greco-latinas y sociedades anglo-germanas. Posiblemente la cultura social avala el pensamiento greco-latino, pero los éxitos políticos los han ostentado siempre, a lo largo de la historia, los de pensamiento anglo-germano, o bárbaros como indicaban los Romanos de su época.

La congelación económica de los países va a provocar un nuevo paradigma socio-político al que ni estamos preparados para afrontar, ni sabemos aún las consecuencias del mismo. Recordemos que cuando congelas un alimento, después hay que descongelarlo antes de calentarlo, o lo que tendrás en algo sinsabor, insípido y sin la misma calidad de cuando lo congelaste.

La congelación económica supondrá para países como Italia, España, …, una caída superior al 30% de su PIB y ello repercutirá en la sociedad de forma dramática. Si Europa con esta crisis ha retrocedido unos 40 años, los países mediterráneos han retrocedido casi 90 años, y no quiero recordar a lo que nos enfrentamos después de la crisis del ’29.

Alguien debería tener una visión distinta dentro de los gobiernos con objeto de que pudieran evaluar las repercusiones a corto, medio y largo plazo antes de tomar decisiones cuyos efectos pueden ser tan devastadores en la sociedad superviviente como los de las bombas atómicas.

Si hoy los posibles vencedores parecen ser los Humanistas, posiblemente no sorprenderemos algunos, si mañana terminan siéndolo los Economistas.