LA DEMOCRACIA AÚN TIENE UNA OPORTUNIDAD DE SOBREVIVIR

Este martes me he despertado con el mejor de los regalos que un demócrata puede recibir, la noticia de que la democracia aún tiene una oportunidad en nuestra sociedad y en esta nueva Era.

Ha tenido que ser un país mediterráneo, cuna de la democracia, el que ha demostrado que aún la democracia tiene salvación. La sociedad italiana, los demos o ciudadanos, ha demostrado una madurez que en modo alguno, esos países que se consideran más avanzados, los europeos del norte, los anglosajones, han sido capaces de conseguir en las últimas décadas.

Que la democracia está herida de muerte, eso es lo que todo observador podía evaluar hasta que los ciudadanos de sociedad milenaria han demostrado que aún tiene futuro. Italia es el primer país del mundo que no sólo vence a una pandemia de forma ordenada y solidaria, sino que al mismo tiempo, su gobierno asume responsabilidad sobre el verdadero caos de este desastre, la profunda crisis financiera de los estados. Italia, sus ciudadanos, y en este caso, un grupo de sus políticos han apostado por adelgazar las estructuras políticas para comenzar a vencer a la verdadera pandemia que ha arrasado con el mundo, el endeudamiento público abusivo de los estados por culpa de un crecimiento exagerado de los órganos políticos, una corrupción desmedida y una inoperancia realmente inaudita.

Mientras que las sociedades, orgullosamente patrias y que se consideran superiores al mediterráneo latino, votaban su propia aniquilación económica en el referéndum del Brexit, en la elección de líderes autoritarios, inoperantes e incapaces de reconocer lo que es un acuerdo multilateral, bilateral, o una simple mascarilla, lo que les está llevando al borde de la ruptura social interna en sus respectivos países; el Mediterráneo ha demostrado nuevamente su capacidad de reconstruirse y adoptar una madurez que en muchos momentos era dudosa.

Sociedades de países como Portugal, Italia, Montenegro, Serbia, …, están demostrando que son capaces de abordar, dentro de la verdadera realidad pandémica, que los problemas subyacentes de los estados están en sus propias estructuras, y que ellas deben ser las removidas para lograr hacer sobrevivir el mayor regalo que los griegos nos dieron, la democracia.

El mundo occidental está ante un paradigma que Italia ha demostrado que puede ser vehiculado de forma correcta. Los enfrentamientos fratricidas y absurdos entre Grecia, Turquía y Francia; las demostraciones de autoritarismo de líderes como Trump o su gemelo Jonhson, las incompetencias de muchos gobiernos latinoamericanos al enfrentarse a la pandemia, poniendo en grave peligro a la sociedad mientras miran hacia otro lado y ven como sus economías terminan de desmoronarse mientras roban las migajas que aún quedan en el plato, han puesto en grave peligro el futuro de la mayoría de las democracias. Vientos de sables en unos países, vientos de conflictos civiles en otros, vientos de secesiones en otros y vientos de autoritarismos en países antes inimaginables de considerar posibles sólo hace seis meses, nos han llevado a un camino donde no se veía salida alguna.

Hoy, podemos dar gracias a Italia y sus ciudadanos, pues nos han demostrado que el año 2020 tiene solución, posiblemente, no tiene vacuna, pero sí tiene cura; los montenegrinos, nos han demostrado que con pandemia o sin ella la vida sigue y la economía crece y que los cambios no generan estrés alguno; Portugal ha conseguido con una política social más moderada controlar mejor que nadie la propagación de la pandemia sin que ello repercuta en su economía tampoco; en definitiva, países mediterráneos apostando por un futuro y por una salida que el resto de países, incluyendo los restantes mediterráneos deberíamos seguir.

La verdadera crisis no está en la pandemia, siempre se ha sabido y nunca se ha querido decir, la verdadera crisis está en una economía debilitada por el sobreendeudamiento de los estados por culpa de las superestructuras que se han creado. La sociedad ha desequilibrado la balanza entre derechos y obligaciones, y sus políticos se han aprovechado de dichas circunstancias, ahora es el momento de apostar por cambiarlas.

La sociedad con la pandemia ha constatado que las obligaciones deben estar por encima de los derechos para que el futuro de los nuestros exista; la sociedad ha aceptado, aún de mala manera, que es necesario la imposición de las obligaciones por encima de los derechos, y eso es algo que todos debemos aceptar; pero también, es el momento de exigir esas mismas obligaciones a los que nos dirigen de forma caótica.

Es necesario que la política deje paso a un sistema de gobierno inteligente, profesional y regulado, que impida desmanes por parte de incompetentes y personal falto de capacidades y habilidades. No puede ser que los políticos mientan y no tenga consecuencias, no se pueden tomar decisiones sanitarias, ni sociales, evaluando la política en lugar de la seguridad ciudadana, y lo más importante, no se puede seguir robando al pueblo. Es necesario que los gobiernos de todos los estados, antes de perseguir transacciones de lavado de dinero, persigan sus propias corruptelas, sus propias transacciones y negligencias; es necesario adelgazar las estructuras para que la deuda pública no se vaya a valores superiores al 170%, pues nos mienten con el 140% al no tener en cuenta las caídas del PIB del 30% anual. También nos mintieron en todo esto. No puede ser que los datos que comunican ya sea por desconocimiento, error o por lo políticamente correcto no tengan repercusiones cuando se demuestran que están totalmente errados. Como en una empresa privada, quien se equivoca se responsabiliza y si es necesario sacarlo de la jugada, debe ser así.

Italia está eliminando un 30% de incapaces, vagos y desconsiderados para con la sociedad que los votaba, ello significará el inicio de un adelgazamiento de las instituciones que frenará parte del despilfarro. Queda mucho por hacer, pero han comenzado. Ahora sólo falta que el resto de sociedades, de demos, de ciudadanos, exijamos lo mismo, el adelgazamiento de las instituciones para que la sociedad pueda comer, pueda salir de la pobreza y no se impida que la economía vuelva a funcionar de forma ordenada y libre.