LA POLÍTICA PROGRESISTA POS-COVID AMENAZA UNA PRIMAVERA EUROPEA

Si en una coctelera introducimos una pandemia, unos gobiernos débiles y sin formación y una toma de decisiones enfocadas a la visión Humanitaria en lugar de la visión Economista, y todo justo a la entrada de la primavera anual el resultado es la Primavera Europea.

Si analizamos los gobiernos europeos justo antes de la pandemia, nos encontramos con muchos gobiernos débiles y sustentados por compromisos políticos de tendencias variopintas que necesitaban seguir una política progresista, o en su lugar una política populista. Y dentro de este coctel, ninguno de los países europeos, incluyendo el trásfuga brexista, se encontraba libre de culpa.

Como hemos comentado en más de una ocasión, el concepto cortoplacista de la toma de decisiones, las medidas Humanitarias por encima de las Económicas no han servido para conseguir la reducción de ese pico pandémico. Algunos dirían que sí, pero el pico pandémico a evaluar es el global y no el nacional, dado que cualquier actitud de relajación en una política Humanitaria generaría que el pico global puede afectar a los picos pandémicos nacionales, es decir, la discusión de apertura de fronteras queda afectado por el pico pandémico global, inevitablemente.

La mayoría de gobiernos europeos en el momento de la entrada en la pandemia se encontraban bajo sospecha de su propia capacidad ejecutiva, con crisis importantes tanto en países grandes como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España o Polonia, como en países más pequeños como Portugal, Bélgica, Grecia, etc. Ninguno había demostrado capacidad alguna de gestionar sus situaciones socioeconómicas previas a la pandemia.

Durante la pandemia, las políticas de confinamiento alargado, en lugar de un confinamiento temporalizado a una o dos semanas han provocado una crisis global en los sistemas nacionales. Ya no es un problema de capacidad de solución, sino que se ha demostrado la incapacidad de entender como funcionan los engranajes de la economía y las finanzas de los pueblos europeos.

La Unión Europea, siendo un conglomerado de ideas, ha seguido siempre una política de socialdemocracia que sustentaba la calidad o el nivel de vida medio de sus ciudadanos, con el fin de evitar crisis importantes en cualquiera de los países. La pandemia rompió esa cohesión y ese discurso y dejó en manos de gobiernos débiles, incapaces y inexpertos el discurso político hacia sociedades que están muy formadas y con capacidad de evaluar y analizar lo que cualquier político pueda decir.

Un ejemplo claro es el discurso incoherente de un gobierno social-comunista, al hablar del sector turístico en España que representa directamente el 13% del PIB, e indirectamente, más del 25% del PIB y menospreciarlo, siendo el segundo país con más turistas extranjeros del mundo. Planear un cambio de visión en el sector que rompa con el turismo populista y que se enfoque sólo a un turismo de ricos, menos mal que el portavoz es el representante del partido comunista, porque en boca de un socialista o uno de derechas, hacia donde hubiera disparado el objetivo turístico entonces. Y para rematar, unos representantes europeos que hablan de nacionalizar sectores como la aviación para solventar los problemas económicos de las empresas. ¿Pero es que nadie les ha explicado lo que supone el cierre o paralización del sector a ninguno de los políticos?

El turismo, aunque se pretenda hablar de estacional, no lo es. El turismo ante el sector de la aviación no es estacional, tan sólo cambia los destinos y la tipología, dado que el turismo no sólo es de sol y playa, el turismo sanitario, el deportivo, el turismo corporativo, que son los de conferencias, reuniones de empresas, etc., durante el año conforman un volumen muy importante de ese turismo en cifras, y su consumo suele ser más alto que el de sol y playa, es decir, tanto las líneas aéreas, como los hoteles, turoperadores, etc., trabajan para distintos sectores al tiempo. Parar esa máquina es mucho más costoso que parar la máquina de producción de la línea de SEAT. Y es que el coste de poner en marcha un avión, un barco o un hotel después de confinarlo meses y meses es elevadísimo. El coste de mantenimiento y puesta en marcha de esos aviones, barcos, edificios o complejos es muy caro y si a ello le sumamos las pretendidas medidas de control post-pandémico nos vamos a un imposible. Ello sin entrar en las distintas políticas internacionales de emisión y recepción de turistas por parte de cada país.

En este sentido, es curioso observar que ningún país se libra de la falta de coherencia o análisis. Ante el bloqueo planteado por el gobierno español a la llegada de turistas la reacción de gobiernos como el de Alemania es el de calificar a España como país de interés no turístico, cuando gran parte de sus ingresos en este sector, justo provienen del mercado negro que ellos crearon en España y que no se les ha permitido en otros países, es decir, es como tirar piedras contra su propio tejado en lugar de buscar soluciones imaginativas; o Francia que en lugar de buscar una mediación y una solución diplomática busca el castigar el flujo de personas desde España hacia Francia, ¿es que no se acuerda que en verano el flujo de inmigrantes portugueses y árabes que cruza por España pero que tiene origen en Francia es de ida y vuelta? Es decir, que sus propios ciudadanos si salieran de Francia se encontrarían con castigo en España y a su vuelta a Francia, con lo que la decisión en lugar de atacar a España ha atacado a un porcentaje importante de sus conciudadanos y residentes.

Hay que destacar también el pretendido establecimiento por parte de los gobiernos de un sistema político demo-totalitario, es decir, gobiernos democráticos guiándose a largo plazo por sistemas unilateralistas amparados en la alarma pandémica y en el confinamiento de la sociedad y sus opositores; lo que posiblemente en cortos espacios de tiempo y en tiempos caóticos puede pasar desapercibido, cuando esas políticas se alargan en sistemas de libre prensa se transforman en un boomerang para los gobiernos. Los gobiernos mediocres no son capaces de entender que los jueces de sus acciones no son la oposición, sino la propia prensa. Desde las épocas de Nixon, es sabido que el nombra-reyes actual es la prensa y que ésta no puede ser atacada ni a largo plazo manipulada por lo que el alargamiento de estos estados de excepción han servido para concentrar toda la investigación en los gobiernos autoritarios pero democráticos, saliendo a la luz sus decisiones poco trabajadas de gasto sanitario, donde países como España no pueden justificar más de 1000 millones de euros, pero que a eso se sumaría Italia, Francia, Alemania, etc., pues en todos hay muchas lagunas en sus gastos. Y es que la oposición puede perdonar y equivocadamente establecer a los gobiernos presentes de forma impertérrita, pero la prensa tiene la capacidad de destronar a reyes y emperadores.

Con toda esta situación, los gobiernos, asesorados incorrectamente por pretendidos analistas económicos y sanitarios, que como decía Cervantes y ahora los dirigentes, “de cuyos nombre no pretendo acordarme”, nos presentan un volumen de propuestas de subvenciones que no llegan al pueblo; de créditos que los únicos beneficiarios han sido los bancos, curiosamente sus antiguos demonios; de unos impuestos posconflicto o pos-pandemia que todo el mundo sabe que no afectarán a los ricos, a la supuesta casta, sino al resto de la sociedad, empobrecida y maltratada; promesas de exención de pagos de servicios que no se han dado; y apoyos humanitarios que en su totalidad están dependiendo de la solidaridad de la gente y no de los gobiernos; de políticas discriminatorias entre territorios vinculados a los colores políticos de cada uno de ellos; de peleas entre gobiernos que no suman, sino que sólo restan; de la falta de información y la falta de criterio cívico o familiar en las políticas que pretenden que se deje abandonados a los mayores; todo eso, es lo que la política Humanitaria de los gobiernos europeos ha conseguido en tan sólo tres meses.

Y es que o no saben o no se acuerdan que la Primavera Árabe, fomentada por Estados Unidos, fue financiada desde Europa, jugando en aquel momento con gran número de los elementos que hoy se dan para que pueda iniciarse la Primavera Europea. Nos enfrentamos este fin de primavera e inicios del verano a lo que ningún país de Europa estaba soñando con que pudiera ocurrir en Europa, el cansancio social sobre los regímenes democráticos mediocres e incompetentes incapaces de dar soluciones a una sociedad acomodada en la socialdemocracia y que se enfrenta a un claro empobrecimiento y vuelta a criterios económicos de hace 70 años, algo que muy pocos vivieron. Esta Primavera Europea puede ser el principio de un cambio real en las instituciones, en la línea política futura y en la verdadera definición de la propia Unión Europea, si algún día la hubo. Todo ello amparado en una política de Estados Unidos de desestabilizar la Unión y una Rusia y Turquía buscando sus Uniones de la Europa del Este o del antiguo territorio Otomano; mientras China intenta picotear en medio del coctel que se ha generado en el viejo continente. ¡Sean todos bienvenidos a la Primavera Europea!