LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA DE OCCIDENTE POST-PANDEMIA ES UNA QUIMERA

Desde los organismos políticos de todos los países occidentales se llama a la tranquilidad, a la calma y a la futura recuperación de la economía del primer mundo. Ante este optimismo tan patriótico o nacionalista occidental deberíamos cuestionarnos, si es simplemente propaganda electoralista o si por el contrario, y como suponen muchos estadistas y expertos, los dirigentes de los gobiernos occidentales no están a la altura de las verdaderas circunstancias en las que estamos inmersos. En cualquiera de los dos casos, Occidente se enfrenta a una recuperación incierta e inviable.

Ya hemos hablado en otros artículos de la inviabilidad de la recuperación en V de la economía occidental, por lo que no volveremos a entrar en ello. Ya hemos hablado en otros artículos de la caída del PIB al que llegaremos durante este año y que nos llevará a cuarenta años atrás. Ya hemos hablado en otros artículos del cambio de ciclo o Era económico-social y la finalización del periodo de transición entre las Eras. Pero, la pregunta a realizarse sería, y ¿ahora qué?

Los gobiernos occidentales no entienden que cualquier solución económica que se plantee desde el modelo de casos o casuística anterior ya no sirve. El modelo del caso de Harvard queda obsoleto con el cambio de ciclo, y cualquier solución utilizada anteriormente no es viable ante un escenario que dista mucho de asemejarse a cualquier otro de la historia contemporánea.

Para poder explicar lo que estamos queriendo identificar, planteemos el escenario real en el que nos encontramos las democracias occidentales a diferencia de hace 20, 30 o 40 años. Recordemos que hace 20 años se hablaba de la globalización y lo que eso iba a cambiar nuestras vidas, como internet impactaría en los sistemas de trabajo, en la economía e incluso en el comercio, al tiempo que en Europa integrábamos las monedas de cada país para crear una moneda más fuerte, solida e integradora, el Euro; y la sociedad se habría a nuevas leyes de géneros alternativos para integrar a toda la sociedad bajo el mismo paraguas de libertad.

Hace 30 años que caía el muro de Berlín, los países occidentales se unían y abrían sus puertas con el fin de colaborar en un proyecto integrador que nos ayudara a mejorar nuestro nivel de vida, cosa que se consiguió, haciendo que las estructuras sociales preestablecidas en el siglo anterior pasaran a mejor vida; que las leyes de igualdad de género se transformaran en una realidad; y que los ciudadanos occidentales aprendiéramos a caminar por occidente sin tener que entender que era una frontera, comenzaban los cimientos de la futura globalización.

Pero hace 40 años, el mundo vivía sus insignificantes problemas, producía y fabricaba para sus insignificantes economías; unos países salían de sus dictaduras; otros estaban enfrentados en guerras indirectas por ideologías hoy obsoletas; los gastos sociales iban a parar a carreras armamentísticas y espaciales que a la postre quedaron en nada. Pero fue el tiempo de los grandes hombres en todos los países, los que creían en el cambio, los que creían en un mundo sin fronteras, los que estaban dispuestos a gritar por la igualdad y la equiparación en todo, los que de forma cauta supieron dar los pasos necesarios e imprescindibles para que todo cambiara, sociedad, economía, etc.; y lo más importante, supieron incidir e influenciar en una generación preparada, trabajadora y educada en el sacrificio, que aceptó y afrontó los retos que todos les pusieron, triunfando como nadie hubiera pensado. Fue la Década de Oro de la sociedad occidental desde el punto de vista socioeconómico.

Esos son los escenarios que hicieron que la economía creciera de forma aritmética, en unos momentos, y exponencial el resto del tiempo.

La sociedad actual, ve esos momentos como los tiempos de la salida de un tiempo gris, de mediocres hombres que no supieron romper radicalmente con todo e imponer sistemas, teóricamente, más justos e igualitarios desde el primer momento; de no bloquear los estados y llevarlos a un sistema global a través de los regionalismos; de permitir que el capitalismo destrozara sistemas más justos y sociales como era el comunismo o el socialismo sueco; de no erradicar cualquier vestigio de cualquier pasado que nunca fue mejor; y casi, de no haber tecnificado la sociedad con teléfonos móviles, ordenadores y cualquier otro artilugio, que no existía en aquel momento. La culpa de todo lo que ocurre hoy lo tienen aquellos mediocres, aquellas sociedades que se sacrificaron en lugar de violentarse contra la injusticia; que pensaron en su sociedad, familia e hijos, en lugar de pensar en ellos y vivir mejor o a su aire de libertad personal, ajenos a lo que el resto pensara o les pudiera exponer. No se entiende que unas pocas organizaciones internacionales, hoy ONGs, fueran las que intentaran llevar el equilibrio social mientras el resto producía, justo al contrario de lo que debería ser – “hay que parar la producción y llevar la igualdad a todos creando infinidad de organizaciones que ayuden a conseguirla, de la producción ya nos encargaremos luego”.

Este es el hoy, aquello ya es historia; éste es el nuevo escenario, aquel ya pasó; esta es la nueva generación de ególatras intolerantes y jueces de un pasado que no conocieron, el sacrificio, el trabajo y la sociedad como eje central han desaparecido; la sociedad sirve al individuo en lugar del individuo a la sociedad; las reglas sociales se definen como discriminación y atentado contra la libertad del individuo; el enfermo asintomático sale de paseo porque no se le pueden sesgar sus libertades, y el que se enferme es su problema y no del asintomático; salimos de un estrés pandémico y nos vamos de vacaciones, exigidas a las empresas, o nos vamos de botellón, o de fiesta, porque ante todo ya se sacrificaron los individuos por la sociedad dos meses, y eso ya es casi intolerable. La sociedad quiere dinero para seguir viviendo todos los meses con una cierta calidad de vida, no quiere soluciones que les pongan a trabajar.

Una generación que mezcla clima, libertad sexual, racismo blanco y comunismo sin entender ni saber los significados mismos de quienes erradicaron todo eso y defendieron los derechos más básicos

Habremos perdido, lamentablemente, y sin juzgar decisiones, cuarenta años de crecimiento económico en apenas un año, y para la recuperación se necesitarían los espíritus y los grandes hombres y mujeres de hace 40, 30 y 20 años para poder recuperar lentamente y sin margen de error, toda esta pérdida. Pero el escenario y los nuevos protagonistas son distintos, la globalización nos dejó sin industrias en occidente; la mejora del nivel de vida nos permitió que las nuevas generaciones antes que deberes y obligaciones tuvieran derechos inalienables lo que impide solicitarles ese sacrificio; se ha puesto en entredicho todo lo que se hizo hace 40 años, y las nuevas generaciones rechazan y reniegan de cualquier acto que recuerde aquello.

Sin industria, sin economía, con unos servicios obsoletos ante el nuevo escenario, y sin unas generaciones dispuestas a abordar más que sus problemas y libertades personales, cualquier gobierno occidental actual no tiene las herramientas para poder abordar, ni si quiera, el cómo enfrentar la posible recuperación.

Como ya hablamos en artículos anteriores, estamos en un nuevo ciclo, en una nueva Era donde lo anterior no sirve de ejemplo, donde tendremos que cambiar las estructuras sociales, sus libertades y sus reglas; estamos ante un cambio económico que retornará a oriente el papel protagonista que tuvo en los últimos 10.000 años y que por accidente geográfico de un personaje llamado Colón perdieron en menos de 300 años. Con todo ello, y con todo el cambio global en occidente, la pregunta no es si los gobiernos de occidente están preparados para abordar una quimérica recuperación, sino si las estructuras de gobierno y sus líderes deben ser puestas a debate y evaluar sus capacidades para abordar las posibles soluciones. Aquí no se habla de república o monarquía, de izquierdas o derechas, de conservadores, liberales, socialistas, nacional socialistas, comunistas o anarquistas; todo eso ya es algo del pasado, algo obsoleto, algo que no es solución sino parte del problema. Hay que evaluar cuales son las capacidades, cualidades y profesionalidad de las personas que deben liderar las futuras naciones occidentales, si es que tienen futuro.

Oriente apostó ya por un sistema nacional socialista fruto de su experiencia, éxitos y fracasos con los sistemas comunistas. Ello no quiere decir que sea la apuesta exitosa, simplemente es el camino por el que han apostado y que ahora mismo los ha puesto de nuevo a liderar la economía, política y como nos descuidemos, la sociedad mundial; pero no es que sea la fórmula, sino que Occidente, aún, no ha definido su fórmula y con ello, cualquier atisbo de recuperación económica seguirá siendo una quimera.