LA V ASEMÉTRICA DE LA CRISIS SERÁ UNA U – AFRICA (Parte 4)

Cuando comencé este repaso a la situación de crisis pandémica y sus efectos en la economía, no tenía en mi mente incorporar este continente al análisis global, pero no sería ético ni moral olvidarnos de la cuna de la civilización.

Hablar del COVID-19 y de África es como hablar de un caldo de pollo al que le incorporas otro hueso de gallina para darle más gusto al caldo. Si hay un continente que no va a percibir, significativamente, de forma directa el impacto de la enfermedad será África.

Alguien me podría tachar de muchas cosas, pero la verdad hay que decirla de forma racional y dura. Un continente que se encuentra en la Era Agrícola, es decir, que su industrialización, apenas es una anécdota; un continente atacado por las enfermedades más duras del planeta como son el ébola, la malaria, la fiebre amarilla, el VIH (hay zonas donde está afectado el 70% de la población), la tuberculosis, y un sinfín de pandemias que son el día a día de la vida en la sociedad africana; un continente que hace bajar en más de 20 años el promedio de vida del ser humano; un continente que se despierta todos los días con conflictos armados de los que muchos no son capaces ni explicar porqué empezaron; un continente arrasado por Occidente durante el siglo XX, y rematado por China y los países árabes en todo lo que llevamos de siglo XXI; un continente con este escenario, hablarle del COVID-19 es como hablarle a un piloto que vuela sin motores y con las alas estropeadas que el tren de aterrizaje delantero tiene una rueda pinchada.

Analizar África y los efectos de la pandemia es analizar principalmente los efectos económicos de Occidente y Asia y repercutirlos posteriormente en dicho continente. El paso de una era Industrial a una era de Servicios, donde el petróleo deja de ser elemento indispensable, y como se ha podido ver en las últimas semanas, pasa a tener incluso precios negativos, hace de los países como Nigeria, Níger, Angola, etc., que su base económica, su forma de pago de las deudas con China, Irán o Arabia Saudí se transformen en un verdadero problema de viabilidad.

Estos países, además, cuentan con concentraciones de población importantes con lo que la pandemia los castigará de forma más agresiva, su incapacidad de ordenar sus sociedades y organizar unas pautas de control harán que la pandemia se integre dentro de la sociedad y pase a ser otro de los elementos de mortalidad normales en sociedades acostumbradas a este tipo de situaciones, pero sus economías ya resentidas por la crisis de las materias primas serán el verdadero talón de Aquiles para el futuro de dichos países.

El Magreb, inmerso aún en el caos que supuso la Primavera Árabe, con conflictos en la mayoría de los países se encuentra alejada de los problemas de la pandemia, a excepción de Marruecos y Egipto, centros de turismo que se han visto rápidamente infectados por dicha causa. Las economías emergentes de algunos de estos países, y las economías sujetas a la base del petróleo se van a encontrar con un problema serio económico, si bien, en el caso del continente africano, curiosamente, puede servir para reducir los conflictos militares en países como Libia, al no tener capacidad de financiar dichos conflictos, y dejar de ser de interés para terceros implicados.

Si bien se ha discutido mucho sobre el futuro del continente, hablar del COVID-19 no representa más que un formalismo ante los graves problemas a los que está enfrentado el continente. La destrucción, o transformación de las economías Occidentales, el cambio de intereses en las Materias Primas y la falta de capacidad inversora de estas economías, hará que los países africanos afronten un proceso de recuperación de la pandemia difícil de planificar en estos momentos.

África se enfrenta a un proceso de distanciamiento con el resto de las sociedades globales aún más serio de lo que ha sido hasta la fecha. Su falta de transformación, adaptación y evolución en el pasado, van a provocar que la brecha con el resto del mundo se acentúe. La incapacidad de seguir los procesos de transformación social que exigirá el siglo XXI, de unas normas de convivencia que a todo Occidente, incluso, le va a costar adaptarse; en el continente africano va a ser absolutamente inviable sin un apadrinamiento de terceros.

Aquí, en los padrinos que se determinen, está la verdadera respuesta al futuro del continente. África, salió del colonialismo a mediados del siglo XX, pero bajo unas estructuras socio-políticas que no le fueron consultadas a ellos, motivo por el cual su potencial se diluyó inmediatamente y pasaron a ser capricho y voluntad de los Grandes.

Lamentablemente, África no tiene capacidad en este momento de evolucionar sin ese apadrinamiento, pero con el bajo interés económico para los países más evolucionados, los países que fueron colonias, se encuentran supeditados a la explotación desalmada de China o los países árabes. Habría que buscar con sus antiguos padrinos coloniales un acuerdo de pares, con el fin de poder evaluar una evolución planificada hacia la nueva era, capaz al tiempo de que dichas sociedades africanas puedan alcanzar la mayoría de edad para en el futuro tomar decisiones racionales movidas por el interés de sus propias sociedades. Pero de los Tres Grandes sólo China está medianamente interesado en su explotación, y cada vez menos, con lo que África afronta un periodo oscuro importante.

Si el siglo XXI ha sido definido como el siglo de los virus, el continente africano, cuna de la civilización humana, afronta posiblemente y si no se remedia, un reto de supervivencia humana que será el espejo del futuro de la especie. África puede ser la cuna y también la tumba de la especie humana sino se buscan fórmulas diplomáticas de asociación entre los países europeos y los países africanos, dado que si bien, siempre han sido los intereses económicos los que han movido a los primeros, ahora, los problemas de sociedades ancianas de los primeros, y sociedades extremadamente jóvenes de los segundos pueden hacer que se identifiquen otros elementos sinérgicos que ayuden a ambos continentes a colaborar en un desarrollo donde los Tres Grandes no hallarán interés alguno.

Hoy es difícil identificar el futuro de África, y su salida a los cambios que la pandemia están generando en el resto del planeta, pero hay una cosa clara, África no será tan castigada por la pandemia y sí, por el contrario, por los cambios globales que la misma van a provocar en el resto del mundo. La cuna de la civilización debe ser protegida, en caso contrario, nuestro futuro estará irremediablemente sentenciado.