PROTOCOLOS MEDIEVALES PARA UNA PANDEMIA DEL SIGLO XXI

Quisiera pensar que especialistas víricos están al frente de los protocolos y de los análisis estadísticos que se hacen por parte de los gobiernos, pero cuando oigo a los políticos y cuando los hechos nos señalan pautas de actuación medieval, sí, las mismas que se utilizaron frente a la Peste Negra y otras pandemias de ese tiempo, sólo puedo esperar que realmente sean simples políticos los que están tomando las decisiones y no especialistas en medicina y sociología los que evalúan y toman las decisiones, porque si es de este otro modo, la comunidad científica ha suspendido frente a la pandemia.

Existen tantas falencias en todo lo concerniente a la gestión e información de la pandemia que llega un momento en el que no sé por dónde empezar a intentar razonar el gran despropósito del desgobierno. Si el siglo XX fue el siglo de las Grandes Guerras, creo que deberíamos bautizar el siglo XXI como el de los Grandes Despropósitos Gubernamentales. Y no hago referencia a un gobierno u a otro, sino a todo el gobierno mundial, porque si algo tengo claro es que a los científicos médicos y sociales nadie los ha escuchado.

Empecemos, pues, por los datos de contagio, y no voy a entrar a criticar como unos países lo hacen u otros lo hacen distinto. Hay elementos absolutamente simples que la sociedad entiende, como, por ejemplo, que si haces más pruebas a la sociedad identificarás más enfermos y si reduces las mismas se reducen los enfermos, con lo que evaluar enfermos respecto a población sin tener en cuenta el número de pruebas realizadas es hacer una comparativa de primaria, simplista y sin rigor científico.

Si ya pautamos eso, la primera evaluación de los gobiernos y su gestión debería ser el número de pruebas realizadas por cada cien mil habitantes, y penalizar a aquellos cuyos números sean absurdos. ¿Dónde está el buen hacer? En el que llegue a realizar 100 mil pruebas por cada 100 mil habitantes, otro resultado muestra la ineficiencia de los gobiernos.

Como el número de pruebas son distintos, no es comparable la cifra de enfermos contra la población. Habría que tener en cuenta también el número de pruebas para poder crear un ratio correcto. Con lo que podemos llegar a la conclusión de que TODOS los gobiernos están engañando a la población y utilizan los números para beneficio propio.

Ahora pasemos a otro de esos conocimientos científicos bastante discutibles, el confinamiento, la cuarentena, o como queramos definirlo. Esta pauta que data del medievo es una pauta que sirve como elemento de desesperación contra la incontinencia. Sí, es decir, cuando un gobierno o una comunidad científica NO SABE qué hacer, regresa a pautas de hace mil años, si señores – mil años – para contener lo desconocido.

En nuestro caso ese desconocido no lo es tanto, sabemos cómo es, lo tenemos identificado, sabemos como se propaga y que puede mutar, es decir, sabemos que su comportamiento errático de contagio se asemeja, y pido disculpas por las comparaciones, al de una gripe. Es decir, no sigue pautas como el Ébola, la fiebre amarilla, el VIH, …, su pauta está definida. Otra cosa es su actividad, su forma de atacar los organismos y su virulencia, pero como se contagia está bastante identificada, con lo que hablar de Olas como si habláramos de sunamis además de ser poco científico es casi un insulto. Porque si algo sí que ha sido contrastado es que a diferencia de la gripe, ésta no sigue un procedimiento estacional.

Si conocemos, pues, la pauta de contagio, el sistema de confinamiento no sirve para nada, y más cuando se hace parcial, con circunstancias especiales, o como cada uno haya definido, es como poner puertas al campo, la expansión del contagio va a seguir irremediablemente, con lo que ningún científico actual puede evaluar el confinamiento como algo efectivo, y más cuando no se evalúa la densidad de población recluida por casa, centro o barrio, pues la densidad afecta tanto a la enfermedad como a la propagación de otras enfermedades donde el confinamiento grupal ayuda a su propagación más eficiente, véase la tuberculosis, por ejemplo. En resumen, quien diga que los comités científicos especialistas marcan como pauta los confinamientos, o mienten o sería mejor que evaluaran la capacidad científica de esos comités, en la edad media era comprensible, hoy en día no.

Por otro lado, aún no hay una comprobación científica segura sobre el comportamiento frente a las temperaturas, con lo que comparar países de latitudes distintas para saber quien lo hace mejor es como comparar las alturas de las personas de distintos países para evaluar quien come mejor, no tiene sentido alguno.

Dicho todo esto, y podríamos seguir estableciendo más elementos de despropósito de los gobiernos, lo único que podemos sacar en claro la sociedad sobre este PRIMER GRAN DESPROPOSITO MUNDIAL es que no existe ideología alguna del siglo pasado que pueda sobrevivir a los nuevos retos del siglo XXI, es decir, deberíamos pedir que se refundaran los partidos políticos y sus líderes para que otro tipo de gobiernos sustituyan a los actualmente obsoletos.

SOLUCIONES EXISTEN

Como criticar es fácil, pero nadie da soluciones con sentido común, en mis conversaciones con especialistas en la materia he podido llegar a realizar algunas evaluaciones con un criterio científico y social que nos permitiría evolucionar como seres humanos, como sociedad y como mundo.

Primero de todo, la pandemia no es tal, es una enfermedad virulenta pero si el COVID es pandemia, en este momento tenemos también la pandemia de la gripe, del VIH, de las enfermedades coronarias, de los cánceres, y un sinfín de enfermedades que cada día matan a tanta o más gente que el propio COVID. Es decir, no asustemos a la población, es una enfermedad nueva y virulenta, pero no es el Ébola, no es mortal para todos, es como una gripe más agresiva.

Descartada la pandemia, habría que indicar que los análisis a la población deberían ser más exhaustivos, es decir, se tiene que llegar a esa cifra donde los análisis son a toda la población y se debería, posiblemente, y en un primer momento institucionalizar dicho proceso, que no quiere decir que lo haga el estado, sino que lo gestione y busque quien puede ofrecer ese servicio al nivel que se necesita. Para ello, hay que tener en cuenta que los precios que hoy se manejan son abusivos y totalmente ilógicos; los tiempos de análisis son exagerados; y los tiempos de espera y los entornos de espera son totalmente inmorales. En resumen, todo lo que se está haciendo habría que tirarlo a la basura y comenzar desde cero. Existen equipos capaces de detectar el virus en menos de 5 minutos, equipos que hacen hasta 360 pruebas al tiempo. Esos equipos están en el mercado, pero curiosamente no están en los laboratorios de análisis de los gobiernos. Son equipos, además, económicos, comparado con los equipos que se utilizan normalmente, y el coste promedio de análisis no supera los 10 euros en el peor de los casos, con lo que la pregunta a los gobiernos es el porqué de los 150 euros y los tres días de espera, no tiene sentido alguno. Otra pauta científica que demuestra que se pueden hacer buenas praxis.

Otro de los temas a descartar como la solución final son las vacunas. El virus muta, eso ya se sabe, con lo que las vacunas se realizan contra cepas anteriores a la existente, como en la gripe, lo que hace que no sea una solución definitiva, sino un amortiguador del contagio masivo rápido. Es decir, las vacunas ayudarán, pero no SOLUCIONARAN, con lo que no será la solución final como se está vendiendo.

Por último, y lo más importante de todo el análisis científico que nadie se ha parado a evaluar. El virus COVID se comporta como un proceso gripal agresivo, pero sólo sobre menos del 3,7% de la población, lo que nos lleva a plantear un criterio más eficiente de gestión. Cada día sale a la calle gente con asma, gente con alergias, …, gente que para el resto de la población cualquier menudencia no es un problema, pero que para ellos puede ser la muerte y por ello, y conscientes de ello se protegen mientras que el resto sigue una vida normal. Pues bien, eso es lo que habría que estar evaluando o analizando. Hay que identificar a ese 3,7% de la población. En conversaciones con genetistas y víricos, estos me confirman que eso es factible y nada complicado, lo que resultaría mucho más económico y eficiente para las sanidades públicas que el intentar trabajar sobre el total de la población. Es lo que se denomina “Segmentación Poblacional”.

En apenas unos minutos he identificado las conclusiones que expertos, de verdad, recomiendan, con lo que la única pregunta que me hago es quien realmente está detrás de estos asesores científicos de los gobiernos, que se pretende con este DESPROPÓSITO y quien saca beneficio político o económico de esta sin razón que está llevando a la economía y a su sociedad a la quiebra. Ha desaparecido la política del bienestar social, estamos perdiendo las libertades democráticas que nos amparaban, los gobiernos se están transformando en autoritarismos y la sociedad sigue muriendo por enfermedad o por hambre, con lo que hay que ponerle freno a este GRAN DESPROPOSITO MUNDIAL y que la sociedad vuelva a controlar sus instituciones y exigir a quienes las gestionen que estén a la altura del siglo XXI y no sigan viviendo en el siglo X.

La solución no es sencilla, pero sí es factible y económicamente viable.