¿QUIEN OCUPA EL CENTRO EN LA POLÍTICA?

En estos días existe una lucha extrema en muchos países por ocupar el centro político. Es curioso ver, como todos los partidos políticos intentan ocupar una posición denominada “centro” a la hora de definirse como tendencia política. Es como mostrar al mundo un sentido de moderación. Pero las personas deberían comenzar a entender o preguntarse, mejor dicho, que significa moderación, y si esa moderación está realmente en el centro; y si los que dicen ocupar el centro, realmente lo ocupan o simplemente es otra demagogia del mundo político.

La respuesta a todo esto se podría definir en una simple frase: los políticos son ignorantes del significado centro, derecha o izquierda. Elementos que en sí mismo se pueden considerar obsoletos en el siglo XXI.

Haciendo una investigación en profundidad del significado de derecha e izquierda, y por ende, que se identificaría como centro, llegamos a conclusiones simplistas como la identificada en el gráfico mostrado, donde se entremezclan conceptos totalmente incompatibles, totalmente antagonistas y por ello, totalmente falsificados. Pero eso es la simplicidad, la incapacidad de entender la política por parte de los políticos, y de trasladarla a las personas y a sus ciudadanos.

Si la gente entendiera que elementos como monarquía o imperialismo son antagónicos al concepto de republicanismo de los fascistas o comunistas; si a los ciudadanos se les dijera que del partido laboralista, sí la socialdemocracia británica, nacieron el partido comunista y el nacional socialismo, también llamados fascistas; si a la gente se le informara de que las ideas progresistas más radicales son el liberalismo y el socialismo radical, mientras que fascistas, comunistas y conservadores comulgan en el antagonismo del progresismo; si todos estos conceptos se pudieran aclarar al pueblo, a los votantes, a los ciudadanos, lo primero que pensarían todos, es que los gobernantes o les han engañado toda la vida o practican el arte de la ignorancia.

Hablar, pues, de centro es no hablar de nada. No existe un centro, no existe una versión entre unos y otros, hablaríamos en todo caso del concepto de la nada. Los modelos políticos los podemos definir en modelos más libertarios o autoritarios dentro del propio modelo democrático, es decir, el estado menos o más intervencionista. Libertarios son los modelos más progresistas, donde el estado deja hacer al pueblo y a las instituciones privadas sin intervenir en el mercado, es decir, son ideologías de mercado libre global, donde coexiste el socialismo más utópico con el liberalismo más radical.

Hablar de izquierdas o derechas sería hablar de un control del estado por modelos económicos, o un control de la economía por modelos de estado, que no tiene nada que ver con que los empresarios controlen o no la política. Lejos de eso estarían los modelos de liberalismo económico, donde el propio sistema empresarial se quiere desentender del estado.

Cuando hablamos de anarquismo, consideramos que es el concepto más radical de la izquierda, cuando realmente, ni comunistas ni fascistas comulgan con esa idea, y por el contrario, el liberalismo más radical lo abandera junto con los socialistas utópicos en los dos conceptos más extremos, el anarcosindicalismo y el anarcoliberalismo, cualquiera de los dos, verdaderos exponentes de la destrucción de la sociedad como tal y la creación de modelos de caudillismo político, los antisistemas reales, y el feudalismo moderno.

En resumen, la complejidad de los modelos políticos nos lleva a una realidad de falseamiento ideológico de todos los principios políticos tanto de oriente como de occidente. Los países de Oriente Medio viven un modelo de monarquías absolutistas, al igual que Marruecos; los países Europeos viven un modelo social democrático con tendencia al autoritarismo estatal; China pasó de un comunismo maoísta a un nacional socialismo, también llamado, fascismo; Estados Unidos se debate entre conservadores, es decir, los demócratas que exigen mayor control del estado, y son lo menos progresista que se puede decir, y los liberales, los republicanos, que van de conservadores por la vida y por el contrario abanderan un liberalismo que termina casi en anarcoliberalismo con Trump; Rusia abandera el modelo monarquico o imperialista democrático, al igual que Turquía, Siria, Bielorusia y demás países; y Latinoamérica se debate entre modelos conservadores, en los menos países, y modelos liberales o anarcosindicalistas, que no comunistas en los más, que terminan creando esos caudillismos que explotan siempre a la población más desfavorecida.

¿Dónde está el centro?, eso no existe. Al final el pueblo tiene que decidir entre si quiere una política de la sociedad del bienestar como decidió Europa planteando una política socialdemócrata cada vez más intervencionista con lo que puede terminar en fascismos o comunismos; la política del sueño americano reflejada en un liberalismo que impulsa a la gente de éxito a un anarcoliberalismo, pero que se olvida de los millones de personas que cada año mueren de hambre, frio y enfermedades a las puertas de los ricos restaurantes y hospitales privados; o votar por la igualdad social en la pobreza, que esto se lo ahorran decir, y elegir a los caudillos que en el futuro serán la nueva oligarquía económica internacional como uno de sus líderes enunció en una entrevista, el Vicepresidente español Pablo Iglesias y líder del teórico partido feminista-comunista-ambientalista de ideas más anarcosindicalistas que comunistas, y que hoy vive en uno de los barrios más ricos de Europa.

El problema de los políticos es que enarbolan banderas que desconocen, que no entienden su significado y que por supuesto, están lejos del centrismo al que se aferran pues el centro no existe.

CÓMO ELEGIR O QUÉ ELEGIR

Yo no soy quien para identificar que es lo bueno o que es lo malo. La gente debe evaluar qué es lo que quiere, teniendo en cuenta que cualquier extremo es malo, la moderación siempre es mucho más realista y social.

Las personas tienen que decidir si exigir o no exigir a los gobiernos, en base a eso, tendrán también que comprometerse con los gobiernos, es decir, si exiges tienes que pagar, y si no quieres pagar, no puedes exigir. Esas son las dos primeras máximas del sistema. No se puede exigir sin pagar.

Y después está la segunda pregunta, si quiero tener una libertad infinita o si por el contrario prefiero que me ayuden y protejan, es decir, que me guíen.

En base a esos dos conceptos la persona tendrá la posibilidad de elegir entre las distintas tendencias políticas, social democráticas, conservadoras o liberales.

Siempre habrá el que quiera aferrarse a extremos, apostar por el mal de todos o por lo menos de la mayoría, intentando estar en el núcleo de los afortunados, pero hasta esa decisión debe de ser libre, con lo que el individuo debe analizar que estará votando libremente para no tener libertad de votar en el futuro.

LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD

Si algo me conmueve como ser humano es el oír la Marsellesa, el himno, no de un país, sino de la sociedad mundial, del concepto más puro de lo que debería ser la humanidad, libre, igual y fraternal, es decir social.

Esos conceptos en los que nació la Era Industrial, en el siglo XXI, lamentablemente no tienen cabida, la libertad la hemos perdido con las tecnologías; la igualdad la perdemos cada vez que tenemos y deseamos más nosotros sin acordarnos del resto de la humanidad; la fraternidad nos la han anulado al encerrarnos detrás de unas pantallas y convencer a las generaciones que es mejor verse e interrelacionar a través de las redes sociales en lugar de físicamente, donde un emoticono es mejor que un abrazo real, y donde tener miles de seguidores o amistades es mejor que una docena de verdaderos amigos que darían la vida por ti.

El siglo XXI ha nacido con una nueva Era, la de los Servicios, la de la Información, la de Internet y las Redes Sociales, y ante ello, la tan amada Libertad, Igualdad y Fraternidad no tiene sentido ya. Hay que construir un nuevo concepto que aglutine a una sociedad desestructurada pero más global, una sociedad sin razas, ni genero y que no se asustan ante lo distinto, diferente o raro. En definitiva, un nuevo modelo social que no permite a los políticos seguir pensando en derecha o izquierda, pero donde sí que seguirá existiendo el libertarismo total o el autoritarismo moderado.

Los políticos están obsoletos, los estados también, la nueva estructura de sociedad mundial exige otros modelos de referencia, y el cuadro ideológico que hemos mostrado debe desaparecer para crear otro para un nuevo concepto de sociedad que ya ha sido definido.

Aparecerán los modelos utópicos que ellos solos se descartarán, y aparecerán los nuevos pensadores que buscarán interpretar las ideas o falta de las mismas de las nuevas generaciones, mucho menos motivadas por el yo, y mucho más dependientes del nosotros, pero al mismo tiempo alejados del concepto humanidad.